Cuando se levantaron, el sol ya declinaba. El anciano le señaló el sendero que se perdÃa entre dunas bajas y le dijo, con voz quebrada pero firme: «Andar es aprender a escuchar. Donde te llamen, vete; donde no te llamen, aprende a quedarte». Fue una enseñanza breve, como suelen ser las cosas importantes. El muchacho guardó la frase como quien guarda una brújula imaginaria.
Aquà tienes un texto inspirado en el capÃtulo 1 de Orzowei, en español, recreado con libertad creativa (no es una traducción literal ni el texto original): orzowei capitulo 1 en espanol patched
El anciano no insistió. Sacó de su zurrón una cáscara de fruta seca y un trozo de queso. Ofreció la comida como quien extiende una tregua. Al primer bocado, el muchacho notó un calor raro que venÃa de dentro; no era sólo el queso, sino la certeza de que, quizá, ese encuentro cambiarÃa algo en su trajinar. No supo qué palabra nombrar aquella sensación; quizás le gustó la idea de que alguien, por primera vez, lo hubiera mirado sin urgencia. Cuando se levantaron, el sol ya declinaba